En los países desarrollados el consumo de psicofármacos crece un 5 % anual. En España, en la última década ha aumentado un 30 %, situándonos a la cabeza mundial en el uso de sedantes, ansiolíticos e hipnóticos, y entre los primeros en antidepresivos. Sin embargo, este incremento no se traduce en una reducción de los trastornos mentales.
Las alteraciones cerebrales que caracterizan la depresión, la ansiedad, la bipolaridad etc. son innegables, pero cabe preguntarse: ¿son la causa primaria o más bien la consecuencia de otros factores? Si fueran el origen, cabría esperar que los trastornos disminuyeran a medida que aumentan los tratamientos, y la evidencia muestra lo contrario. Además, estos problemas son más frecuentes en sociedades de abundancia que en entornos de escasez, lo que sugiere un papel determinante del contexto y de la forma en que la mente lo interpreta.
Los trastornos mentales tienen múltiples causas: vulnerabilidad biológica, ambiente y, sobre todo, la percepción que cada persona desarrolla frente a ese ambiente. Ni la genética ni el entorno son controlables en su totalidad, pero sí lo son la interpretación y la respuesta. Ahí reside un antídoto poderoso: el fortalecimiento interior y el control mental.
En este sentido, el yoga —sin reemplazar los tratamientos médicos o psicológicos— se ha mostrado como un valioso complemento. Su práctica combina movimiento consciente, respiración, relajación, concentración y meditación, ofreciendo herramientas de autoconocimiento y autocontrol que ayudan a sostener la mente en equilibrio.

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Yoga Logroño: ESCUELA ANANDA